23.12.08

OTRO MALDITO MONO


1

Una de estas noches comprendí
que a este circo
lo llevaba
una
ambulancia

era aquel desfiladero
para enfermos
peligrosos

era la ruta de un hospital que contagiaba

sueños malos donde ella
se aleja
y la noche se despeina con el viento

como un pulpo.

2

Comprendí
-también-
que el conductor
siempre
está
fuera del auto

que la pista que seguimos
fue soñada por un
mono

feroz y melancólico

perdido
en la tormenta.

3

Comprendí
que seremos pistoleros de por vida.



L. Lhooner 23-12-08

20.12.08

a pedido

ESTO ES SOLO PARA DECIRTE QUE

Me comí
las ciruelas
que había
en el refrigerador

y que
probablemente vos
guardabas
para el desayuno

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías

8.12.08

X

2. decurso de la investigación


La muchacha sonríe ante tantas y variadas preguntas. Cómo es aquello, de quién son estas llaves, a qué hora murió, ¿cuál es el lugar donde ocurrieron los hechos? …
Suspira. Hace largo tiempo que nadie le pregunta tantas cosas. La muchacha recorre el cuarto blanco, cerrado, con un amplio y (supone ella) grueso ventanal polarizado. No puede ver que hay del otro lado pero intuye un árbol de navidad con sus luces encendidas, parpadeantes en la oscuridad. Al costado del árbol 3 policías juegan a las cartas. El viejo escritorio está repleto de fichas, apuestas, diligencias que aparentemente se resolverán en el pasado de una vaca pastando en diferentes llanuras que parecen la misma pero no lo son. Los policías beben café.

Ella está sentada y bosteza. El hombre al otro lado de la mesa de interrogatorios se pasea de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como el péndulo de un excéntrico reloj. Su lengua perspicaz no se detiene tal como el cucú nos da la hora. Esto recuerda algo a la muchacha. “Qué hora es”, pregunta. “Creo que tengo que irme”, afirma con seriedad. El hombre sonríe. “Una última pregunta”, dice. “¿Eran chicos o chicas?”. La muchacha se toma su tiempo para contestar, reclina la silla metálica hacia atrás y mirando el techo clarísimo, impoluto como un cielo del espacio, le responde: “no lo sé”.



,
.

3.12.08

SARAH CONNOR

Caminábamos con Sarah.
Yo colgando de su mano, como si Sarah fuera mi madre
o mi abuela
- o la madre de las conjeturas
o la abuela perdida y el futuro-
Era de día
y Sarah me contaba de un festival imposible
que iba de una ciudad a otra
como si el mundo
fuera
una repetición
y no mucho más que eso.

Bajo el fuego de un atardecer suburbano
Sarah hablaba sobre una
familia de monos
y el árbol
final

una rama cómoda y muy alta
desde donde veían
la caída del
sol
más allá del monte y los pantanos

y de la misma manera
-dijo Sarah-
casi con valentía y exclusividad
eran tragados por la
noche.


Lhooner 1-12-08